Rozando la línea amarilla

Hace unos cuantos meses, mi recién llegado gerente, me comentó aprovechando la camadería de un largo viaje, su política de intenciones. Mucha mano izquierda, despacio pero seguro, y nunca traspasar la línea amarilla. Esa línea amarilla es la que a partir de la cual, si una acción la sobrepasa, los demás la pueden utilizar para darte una patada en el culo laboralmente hablando. Puede ser legal o no, pero siempre un matiz moral por lo que será juzgada y aprovechada por tus enemigos.

Estupendo. Qué guay. Yo hasta ahora he procurado siempre lo mismo en mis veinte años de curre. Dos años después. Reunión de primero tres personas y luego cuatro. Una de esas personas propuso una solución para el problema tratado, no legal. Los informáticos manejamos los sistemas, los sistemas tienen datos, los datos son utilizados por muchas personas o empresas. Los datos pueden acarrear buenas o malas consecuencias para la empresa. Los informáticos trabajamos con datos y podemos acceder a ellos más fácilmente. Menos mal que al rechazar la propuesta explicándole todas las posibilidades para que saliera mal y nuestro trasero acabara delante del televisor durante 16 horas al dia, el jefe me daba la razón en todo y trató por todos los medios de desacreditar esa opción. Propuesta eliminada de la conversación para siempre.

¿me estaba tanteando? Creo que no. Pero y si…

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