Oir sólo lo que se quiere escuchar 

Recibo un SMS de mi jefe. “Borde, hay un portátil por 600 en la página del
pccit. ¿qué te parece?”.
Estupendo. Esto de ser Jefe de Infórmatica, como siempre abarca campos
infinitos.
Tardo en contestar porque no sé como decirle ni el qué. Da la casualidad,
que me pilla un pccit cerca de donde estoy.
Después de dar muchas vueltas, todos los que veo por ese precio te obligan a
contratar con una operadora. No me gusta esa alianza.
Le llamo. Que me dé más datos porque si es con obligación de operadora, pues
no. Me dice que no, que 600 sin compromiso. Le contesto que no serán 699, y
ya duda, pero al final me dice que seguro que es una oferta tan buena que
sólo la tienen en la web.
Que de todas formas es para su mujer que se le ha antojado uno.
“Hombre, si es para tenerlo en casa pinchado en casa a un teclado y aun
monitor, y para ocio, casi todos valen”
“Ya, pero también lo quiere para llevárselo al trabajo en los ratos muertos”

Entonces mentalmente me hago todas estas preguntas:
¿se lo llevará todos los dias?porque si es así el peso influye…
¿en el trabajo dispone de enchufe o va estar con batería?
¿es para conectarse a internet?
¿tiene wifi en el curre?
¿es para ver pelis o escuchar música?
¿utilizará office?
¿corre peligro de caídas o maltrato?
¿quiere pantalla grande o pequeña?
¿abre muchas aplicaciones a la vez?
¿es marquitas?
¿sabe diferenciar cuándo se ha quedado colgado y cuándo hay que esperar a
que termine una tarea?
¿sabe utilizar el teclado, como por ejemplo poner bloqueo de números (es
alucinante, pero estas cosas pasan…)?

Omito preguntarle ninguna de ellas. Es un acelerado que me va insistir sobre
su decisión ya tomada: que le gusta el que a visto en la web.
Al fin le doy una respuesta:
“Tu mujer va tener los mismos problemas con un portátil de 600 euros que de
2500.”